ECONOMÍA


Consideramos que una verdadera economía sería un proceso colectivo destinado a mantener la disponibilidad de medios, recursos e instrumentos (en cantidad y variabilidad suficientes) para la recreación del trabajo colectivo y personal. Por ello, la actual economía no podría ser considerada como tal, sino como una perversión de la misma, pues tiene como fin principal la satisfacción de las necesidades subjetivas de un grupo dominante.

Desde Aletheia planteamos lo que denominamos ‘economía del trabajo’ o ‘economía de la vida’, que consideramos como aquella donde el trabajo, como forma de recreación universal de la vida (humana y natural), tiene que fijar la disponibilidad de los medios y recursos necesarios para que en dicha recreación el desgaste y la restitución estén equilibrados, identificando el entorno que le es propio, conforme a las leyes de dicho entorno. Esto supone el replanteamiento de algunas cuestiones fundamentales:

  • Es necesaria una ciencia de la vida que establezca una calidad de vida material justa y homogénea en todos los territorios. Toda forma de producción, distribución y cambio deben ser relativas a la afirmación de la singularidad humana y natural. Puesto que todo el proceso de la vida social se sustenta con la energía humana (fuerza de trabajo) y con la tomada de la naturaleza, todo gasto de dichas energías ha de ser conforme al objetivo de restituir ambos sistemas a sus condiciones óptimas iniciales. De ahí que no basta con la reivindicación de un salario o condiciones mínimas de subsistencia, sino que es imprescindible la aspiración a una justa calidad de vida, únicamente posible por medio del mantenimiento o restitución óptima de la fuerza de trabajo (considerando el desgaste físico, psicológico y metal) y que constituiría el auténtico patrón de medida económico.
  • La recuperación óptima de la fuerza de trabajo requiere de una disponibilidad por parte de todos/as de los medios y recursos necesarios para la vida, de planificación económica (relativamente descentralizada y en consonancia con las exigencias de cada territorio), así como de un equilibrio en un ambiente propiamente humano y natural.
  • Como ya denunció el marxismo, el auténtico trabajo no es una explotación asalariada, tal y como sucede en el capitalismo. Este trabajo dependiente, que se realiza con un fin diferente a él mismo, se contrapone al que denominamos ‘trabajo libre’. El trabajo libre es el que tiene como fin él mismo, en consonancia con la auténtica autorrealización humana (gratuidad), y que realiza el ser humano para la afirmación de sí mismo como tal. No hablamos de ocio, ni de que se trabaje gratis -como es obvio-, sino del que responde a una auténtica vocación. Es decir, que el trabajo es expresión de nuestra esencia únicamente cuando nos realizamos a través de él. Entendemos, a este respecto, como vocación, un conjunto de alternativas posibles que responde a la realización de las posibilidades inherentes a cada persona. Pero además, nuestra realización es, a su vez, necesaria para la realización de los otros; es decir, no hay realización libre si no es solidaria en un proyecto común. Mientras que el trabajo dependiente requiere de enormes compensaciones por su condición alienada, tales como el  consumismo, las adicciones, etc., el trabajo libre puede considerarse como la máxima expresión de la plenitud humana, a la vez que coincide con la restitución óptima de lo que la naturaleza nos ofrece. Asimismo, la educación no debería dirigirse, como ocurre en la actualidad, a la competencia y la formación para el mercado de trabajo (es decir, para convertirnos en mercancía), sino para el descubrimiento de nuestra auténtica vocación.
  • El dinero es el reconocimiento social de los límites del poder de realización sin las realizaciones de otros, fruto de la división social del trabajo. Por tanto, es la expresión de la necesaria solidaridad allí donde todo poder de realización es limitado y la administración de su disponibilidad equivaldría a la administración de la solidaridad social. Quien más dinero necesita para la restitución y mantenimiento de la fuerza de trabajo –trabaje o no- es quien menos poder verdadero tiene (poder corporal, psicológico o espiritual).

En definitiva, es necesaria una nueva antropología para una nueva economía, en la cual el ser humano nunca sea un instrumento sino un fin. Partiendo de este principio, la economía se dirigiría a prevenir las carencias -por medio de la planificación- y dirigiría la tecnología a liberarlo de trabajos en serie. Por el contrario, el capitalismo abandona a millones de seres humanos a la condición de máquinas realizando un trabajo repetitivo para la satisfacción de necesidades subjetivas de un grupo dominante.

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